La Promesa del Lobato
Manual de Lobatos - por Baden Powell - 1916

"Saber de memoria, entender y practicar en la vida la Promesa..."

No creo que haya ningún niño que desee pertenecer a los Banderlog, es decir, que desee ser un niño tonto, que se pasa la vida sin hacer ningún trabajo de provecho, sin divertirse en juegos útiles, o sin tener leyes que obedecer. Los Lobatos no son así: tienen deberes que ejecutar dentro de la Manada, y en ellos se divierten cuanto pueden, mucho más que los Banderlog, pues se dedican a juegos debidamente reglamentados y su trabajo es de utilidad.

Como los Scouts, un muchacho, antes de convertirse en Lobato, tiene que hacer una Promesa. Hela aquí:

"Prometo hacer siempre lo mejor
por cumplir mis deberes para con Dios y la Patria.
Observar la Ley de la Manada;
y hacerle una Buena Acción a alguien cada día".

Cuando alguien promete hacer algo, quiere decir que sería terriblemente deshonroso para él descuidarse u olvidarse de hacerlo; en otras palabras: cuando un Lobato promete hacer algo, se puede estar perfectamente cierto de que lo hará.

Respecto a Dios. Cumplir con su deber para con Dios significa nunca olvidarse de El y tenerlo presente en cada uno de sus actos; si vosotros estáis haciendo algo malo, al acordamos de Dios, lo dejaréis de hacer inmediatamente. Se os enseña a bendecir la mesa antes de comer, y a dar gracias después. Bien, yo creo, que hay que dar gracias también después de cada cosa de la que uno ha disfrutado, ya sea la comida, un buen trago o un día feliz. Ya que Dios os ha proporcionado aquellos placeres, a El deberéis darle las gracias, tal como lo haríais con cualquier persona que os hubiere proporcionado algo que os gustase.

Respecto a la Patria. Ya os he dicho, cómo los Lobatos en la Manada obedecen todos al Viejo Lobo. Así en cada nación, el pueblo forma una enorme Manada, la que tiene su Jefe de Estado. Mientras todos reconozcamos en él la majestad, nuestro trabajo tendrá buen éxito, como lo tiene la caza en la Manada o un equipo de fútbol cuando todos obedecen al capitán.

Si cada quien llevara el juego a su modo, no habría reglas, pero tampoco habría éxito. Por eso, si todos jugamos el juego ayudándonos unos a otros, tal como el Presidente lo quiere, nuestro país siempre triunfará.

Del mismo modo, como Lobatos deberéis obedecer a los Jefes de Manada y a vuestro Seisenero.

Respecto a la Ley. Todo juego tiene sus reglas. Así pues, si deseáis jugar con corrección, se deben obedecer las reglas.

En la próxima Dentellada aprenderéis las Leyes del Juego de los Lobatos.

La Buena Acción. Ahora veamos lo referente a hacer un servicio a alguien cada día.

Los Lobatos tienen un sistema patentado de ser felices. ¿Cómo suponeis que logren tal cosa?

¿Corriendo de un lado para otro y practicando juegos de Lobatos? ¿Saliendo de campamento? ¿Explorando el país? ¿Aprendiendo todo lo relativo a los animales y a las aves? Sí; los Lobatos hacen todo esto y con ello son felices; pero tienen un camino mejor que es muy sencillo: ser felices haciendo felices a otros. Es decir, todos los días hacen un favor a alguien, sin importarles quién sea la persona (siempre y cuando no sean ellos mismos), amigo o extraño, hombre, mujer o niño. Aún cuando, como los caballeros de antaño, prefieran servir a una mujer o a un niño.

El servicio no necesita ser grande. Generalmente vosotros tendréis oportunidad de hacer un acto bueno en vuestra propia casa, tal como ayudar en alguno de los quehaceres; o, si os encontráis fuera de ella, ayudando a cruzar la calle a un chiquitín, o algo semejante.

Estad siempre listos para ayudar a llevar un bulto a una persona, a ceder el asiento en el autobús atestado, indicar el camino a alguien, abrir las puertas para que pasen las damas; ayudar a las mujeres ancianas, a los ciegos, y a los niños a cruzar la calle; darle de beber a un perro o a un caballo sediento; proteger a las aves del robo o destrucción de sus nidos por otros muchachos. Esto y cientos de cosas como éstas, son ejemplos de Buenas Acciones que todo Lobato puede hacer y debe hacer si ha de cumplir con su Promesa de hacer un servicio.

Jamás aceptéis una recompensa por hacer una buena acción; si habéis llevado un bulto pesado o llamado un automóvil para una dama anciana, y por ello se os ofrece algún dinero, debéis saludar y decir: gracias, soy Lobato y es mi deber hacer una buena acción. Si aceptárais dinero no habríais hecho una Buena Acción, sino tan sólo desempeñado un trabajo que os habría sido retribuido.

Hay muchachos que, cuando han hecho algún servicio, lo publican por todas partes, lo cuentan a otros muchachos, a sus padres y a sus amigos como si hubieran hecho algo nunca visto. No sucede así con los Lobatos o con los Scouts, quienes guardan en silencio las buenas acciones que hacen.

Un día, un caballero anciano, amigo mío, fue atacado en un callejón por un ratero, quien después de haberío golpeado en el estómago, le arrebató su reloj de oro y huyo con él. Un Scout se encontraba cerca, y sólo, se lanzó en persecución del ladrón. No pudo darle alcance, pero lo llevaba tan cerca, que pensando el hombre que podía ser cogido con el reloj en su poder, lo soltó y siguió corriendo. El Scout recogió el reloj y en la imposibilidad de coger al ladrón, regresó a donde estaba el anciano caballero, le devolvió su reloj, llamó un coche de alquiler, lo ayudó a subir en él y se retiró sin decir quién era, ni a qué Tropa pertenecía. El caballero aquel me pidió que le buscara al muchacho para poder recompensarlo, pero jamás puede encontrarlo. El Scout había cumplido con su deber sin ostentación, sin decir a nadie nada. Había hecho eso porque era su deber, no porque esperara obtener por aquello ninguna alabanza ni recompensa. Así hacen los Scouts y así hacen también los Lobatos.

Los Lobatos tiene los ojos bien abiertos. ¿Habéis notado en el dibujo del Lobato que está saludando, qué cosa tiene en la pañoleta? Pues hay dos nudos en él. El de abajo lo ata el Lobato para que le recuerde que tiene que hacer su Buena Acción durante el día. Tan luego como la ejecuta desata el nudo.